martes, 11 de febrero de 2014

El triste pianista..

Un día mientras regresaba de estudiar, decidí entrar a un bosque que había junto a unas casas y empezar a caminar para poder estar un rato con la naturaleza y mi amada soledad... y entonces la vi...

Era una casa vieja de madera en medio de el bosque y mi curiosidad me arrastraba los pies para que la fuera a ver, a medida de que me iba acercando una melancólica melodía me atrapó al igual que se atrapa a una mariposa en primavera.

Me acerque a la ventana  y un señor bastante viejo quizá tan viejo como para merecer dar consejos y hablar del significado a la vida (cosa que no todos pueden hacer), y entonces mientras tocaba el piano de una manera que hasta se podría decir que nació sabiendo las partituras de aquella triste y lenta melodía paro repentinamente a beber un poco de vino, y se levanto, por un momento me sentí una persona sin piedad porque pensé que le había arrebatado aquella paz e inspiración al señor y entonces mientras trataba de buscarlo por la ventana, sentí una mano delgada y fría y luego una voz cálida me invito susurro "Hace mucho frío aquí afuera, pasa y acompáñame" me volví hacia su mirada y entonces ahí fue donde conocí por primera vez aquella mezcla rara de tristeza y paz que uno (o al menos yo) deseaba transmitir a la gente para que en la Tierra existiera una nueva luz.

Entramos a su casa y él amablemente me sirvió una taza de café, mientras el seguía bebiendo su vino, y sin decir nada se sentó frente al piano que miraba hacia una ventana era realmente un paisaje que podría inspirar a cualquiera.

Tocaba varias canciones que tocan el corazón como se acaricia a un animal indefenso o a un niño triste para darle, paz, tranquilidad y en algunos casos consuelo, y me sentía realmente con una paz indescriptible y el señor sin voltearse a mi me dijo: "Sabes, siempre quise que alguien aprendiera a tocar esta pieza, así el día en que muera la gente pudiera escucharla y quizá el mundo cambiaria porque al ver la vida como yo lo hago, ves lo necesario que es un cambio en la humanidad".

Me quede estupefacto por varios minutos mientras el seguía tocando para calmar su alma y para que el mundo entero lo escuchara, no me miraba solo llenaba su copa con vino y luego llenaba su alma con el piano y cuando mi taza de café estaba vacía decidí preguntarle: "¿Señor, cual es su nombre?" el esbozó una cálida sonrisa de su rostro, paro de tocar y me respondió: "Mi nombre es algo que descubrirás el día en que muera y lo recordaras cuando escuches esta canción..." y le hice la promesa de que ahí estaría y que esa canción seria la que el mundo escucharía.

Empezaría a llover así que antes que le dijera que debía irme, el me dijo: "Toma esto y guárdalo, quizá tu si tengas la suerte de que alguien lo aprenda para ti"... y me fui y me dijo que cuando quisiera volver que lo hiciera, después de todo.. a todos nos hace bien un poco de compañía cuando se esta en medio de la nada y le dije que volvería a visitarlo el próximo viernes.

El viernes como lo prometí ahí estaba en el bosque de nuevo frente a su casa pero esta vez... el señor ya no abrió la puerta...

Era un sábado el día del velorio, y mientras todos lloraban y se lamentaban yo había traído a un amigo mío que llevaba un pequeño piano y lo conectamos a las bocinas y el empezó a tocar el Prelude in E-minor op.28 no.4 de Frédérich Chopin y al terminar les pedí a todos su atención y les dije: "El sueño y el un único deseo de este hombre era que todos pudieran sentir cada nota en sus corazones y que cambiáramos el mundo, así que hagámoslo por el"... la toco una vez mas y nos fuimos.

Al día siguiente fui al cementerio y pregunte por un señor que fue enterrado ayer y me llevaron hasta su tumba y tenia una lapida con un retrato suyo y con una cita de su autoría que decía:
"La vida es una canción que debemos escuchar con atención, porque algunos no tenemos la suerte de tener a alguien que la toque otra vez para nosotros."
Su nombre era como el tuyo, como el nuestro, nosotros somos ese hombre, así que no desperdicies cada segundo de tu vida y vive al máximo, como este señor hubiera querido.

Edgar Andrés Taylor McNally
 

viernes, 7 de febrero de 2014

El jardín de mi juventud

Hace casi 3 años que vivo en un mundo diferente, en este nuevo mundo y como en cualquier otro tuve nuevas experiencias, de las cuales unas cuantas han sido olvidadas gracias a esa capacidad de olvidar lo malo y seguir adelante.

En este nuevo mundo en el que me acaba de acomodar había un bello y gran jardín en el que habían posiblemente muchas historias o recuerdos tirados por todos lados, la verdad la primera impresión no fue la mejor (suele pasar) porque estaba maltratado y lleno de hojas con el pasto inquietantemente elevado así que como seria i nuevo mundo... decidí darle una nueva vida.

Un día me levante a cortar el pasto, otro día a recoger las hojas, sembrar nuevas plantas, arrancar las malas hierbas y por último, coloque un banco de madera en el medio de todo el inmenso jardín, debo admitir que transmitía una perfecta apariencia inofensiva, de esas que causa un bebé a la gente, eso que algunos perdemos con el paso de las experiencias algo que pocos lograran entender.

En fin, el jardín estaba en su apogeo, así que empecé a leer mis libros en el banco de madera, un día mientras leía descubrí quizá una de las cosas mas hermosas en el Universo, sentía como si mi alma se hubiera fusionado con la naturaleza que me rodeaba, me sentía fresco y podía escuchar como conversaban los gorriones entre si, en ese instante se volvió uno de mis lugares favoritos.

Paso el tiempo y tras un par de malas noticias (y una que otra infidelidad) el jardín obtuvo un par de mis lagrimas para degustar el sabor de mi tristeza...

Han pasado infinidad de cosas en ese bendito banco de madera en ese jardín que hasta lo he parado soñado un par de veces.

Hace un par de días que venia de regreso de el colegio, pase junto al jardín y lo vi ahí lleno de hojas de nuevo... y el casi podrido banco de madera, fue inevitable soltar unas lagrimas y atarme un nudo en la garganta..

Así que fui y me senté a pensar acerca de mi vida en los últimos años. Y termine escribiendo esto.

El último bosque.

¿Dónde estamos?

Estamos en un bosque. El bosque en el que nuestro espíritu se oculta de la maldad para permanecer quietos en un mundo de constante movimiento, curiosamente, algunas personas no lograron esconder su espíritu de lo malo y se convirtieron en taladores de árboles.

Nosotros somos arboles, morimos de pie, y algunos mueren porque son talados despiadadamente por las malas personas acabando así con cada uno de los bosques hasta que no quede bondad... hay toda clase de arboles, todos podrán ser muy diferentes pero al final somos exactamente lo mismo, quizá existan arboles mas viejos que otros, mas fuertes y un sin fin de características que llegan hasta el tipo de raíz.

Pero todos estamos sembrados bajo la Tierra.

Y para gente como yo, existe una frase:
"Sin duda soy un bosque y una noche de árboles oscuros: sin embargo, quien no tenga miedo de mi oscuridad encontrará también un campo de rosas debajo de mis cipreses."
F.Nietzsche
Somos capaces de aguantar cualquier época, pero el ser humano razona menos que un animal y se castiga a si mismo matando arboles y cometiendo ironías como dibujar arboles en hojas de papel. Definitivamente es una época dura para todos pero solo nosotros podemos hacer que eso pare.

Querámonos de nuevo y aunque seamos el ultimo bosque, sea el mas grande que haya existido y brindémosle esperanza a los arboles que están por venir para que ellos recubran nuestro hogar con un bosque infinito y lleno de espíritus blancos como las nubes.
 

jueves, 6 de febrero de 2014

La chica con olor a rosas

No había nada comparado con los lugares que conocía, las mujeres que veía, hasta que una mañana de Octubre conocí a una chica con olor a rosas...

Y así la conocí, mientras ella preguntaba por su madre, después la vi sentada en las gradas donde estaba sentada precisamente hoy, pero había algo diferente en ella (esas cosas que solo se ven con el alma) de las demás chicas.. y el cosmos me dio una oportunidad haciendo que la gravedad hiciera caer su estuche, lo recogí y supe desde que me dijo "Gracias, que amable", que mi vida no volvería a ser la misma.

Hubo una conexión fuerte desde el primer día, y como todo en la vida... así se fueron dando las cosas; nuestro primer café, primer abrazo, sonrisa... beso.

A pesar de que no había pasado mucho tiempo, sentía que la conocía de toda mi vida, y su alma tan pura me ocultaba algo desde el primer día sin embargo hice caso omiso ya que el amor es una venda hacia la realidad del mundo, solo bastaba con ver sus ojos para encontrar mi alma uniéndose con la de ella como se junta tiernamente el Sol con la luna en un eclipse.

Pero lo que a todos se nos olvida es que a la vida solo nos gusta ponernos pruebas.

Un día después de unos cuatro meses, todo estaba mal y de mal en peor, lo "nuestro" empezó a caer como una hoja seca cae de un árbol cuando el otoño empieza a nacer, no pensaba que iría a estar tan mal porque por lo general éramos capaces de arreglar todo con tan solo unos minutos y unos cuantos abrazos.

Un día mientras conversaba con mi soledad recibí un mensaje "No puedo mas con esto", y después de ese momento mi mente no ha estado en este mundo hasta hoy. Los días siguen pasando y ella esta en algún libro o en algún acorde de canción triste y yo, aquí escribiéndole en un día modestamente gris con una taza de café como la costumbre demanda... Y a pesar de que duele ver esos ojos casi inhumanos por su hermosura todos los días junto a ese olor a rosas en un 14 de febrero...

La vida nos hace fuertes de maneras extrañas, unas mas dolorosas que otras, pero al final todo nos servirá y no todo es malo solo menos bueno.

Para un amor, con cariño, Edgar Taylor