Era una casa vieja de madera en medio de el bosque y mi curiosidad me arrastraba los pies para que la fuera a ver, a medida de que me iba acercando una melancólica melodía me atrapó al igual que se atrapa a una mariposa en primavera.
Me acerque a la ventana y un señor bastante viejo quizá tan viejo como para merecer dar consejos y hablar del significado a la vida (cosa que no todos pueden hacer), y entonces mientras tocaba el piano de una manera que hasta se podría decir que nació sabiendo las partituras de aquella triste y lenta melodía paro repentinamente a beber un poco de vino, y se levanto, por un momento me sentí una persona sin piedad porque pensé que le había arrebatado aquella paz e inspiración al señor y entonces mientras trataba de buscarlo por la ventana, sentí una mano delgada y fría y luego una voz cálida me invito susurro "Hace mucho frío aquí afuera, pasa y acompáñame" me volví hacia su mirada y entonces ahí fue donde conocí por primera vez aquella mezcla rara de tristeza y paz que uno (o al menos yo) deseaba transmitir a la gente para que en la Tierra existiera una nueva luz.
Entramos a su casa y él amablemente me sirvió una taza de café, mientras el seguía bebiendo su vino, y sin decir nada se sentó frente al piano que miraba hacia una ventana era realmente un paisaje que podría inspirar a cualquiera.
Tocaba varias canciones que tocan el corazón como se acaricia a un animal indefenso o a un niño triste para darle, paz, tranquilidad y en algunos casos consuelo, y me sentía realmente con una paz indescriptible y el señor sin voltearse a mi me dijo: "Sabes, siempre quise que alguien aprendiera a tocar esta pieza, así el día en que muera la gente pudiera escucharla y quizá el mundo cambiaria porque al ver la vida como yo lo hago, ves lo necesario que es un cambio en la humanidad".
Me quede estupefacto por varios minutos mientras el seguía tocando para calmar su alma y para que el mundo entero lo escuchara, no me miraba solo llenaba su copa con vino y luego llenaba su alma con el piano y cuando mi taza de café estaba vacía decidí preguntarle: "¿Señor, cual es su nombre?" el esbozó una cálida sonrisa de su rostro, paro de tocar y me respondió: "Mi nombre es algo que descubrirás el día en que muera y lo recordaras cuando escuches esta canción..." y le hice la promesa de que ahí estaría y que esa canción seria la que el mundo escucharía.
Empezaría a llover así que antes que le dijera que debía irme, el me dijo: "Toma esto y guárdalo, quizá tu si tengas la suerte de que alguien lo aprenda para ti"... y me fui y me dijo que cuando quisiera volver que lo hiciera, después de todo.. a todos nos hace bien un poco de compañía cuando se esta en medio de la nada y le dije que volvería a visitarlo el próximo viernes.
El viernes como lo prometí ahí estaba en el bosque de nuevo frente a su casa pero esta vez... el señor ya no abrió la puerta...
Era un sábado el día del velorio, y mientras todos lloraban y se lamentaban yo había traído a un amigo mío que llevaba un pequeño piano y lo conectamos a las bocinas y el empezó a tocar el Prelude in E-minor op.28 no.4 de Frédérich Chopin y al terminar les pedí a todos su atención y les dije: "El sueño y el un único deseo de este hombre era que todos pudieran sentir cada nota en sus corazones y que cambiáramos el mundo, así que hagámoslo por el"... la toco una vez mas y nos fuimos.
Al día siguiente fui al cementerio y pregunte por un señor que fue enterrado ayer y me llevaron hasta su tumba y tenia una lapida con un retrato suyo y con una cita de su autoría que decía:
Su nombre era como el tuyo, como el nuestro, nosotros somos ese hombre, así que no desperdicies cada segundo de tu vida y vive al máximo, como este señor hubiera querido."La vida es una canción que debemos escuchar con atención, porque algunos no tenemos la suerte de tener a alguien que la toque otra vez para nosotros."
Edgar Andrés Taylor McNally